21 septiembre 2009

aquel cuadro

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aquel cuadro. me remito quizás a un relato por pocos conocidos (ojalá que no). creo, mi primer acercamiento a un cuadro a partir de la palabra. ocho años, curiosa, sin libro que me alcance, creyendo que era más fácil memorizar para poder relatar que leer bien para poder leer en voz alta. y aquel cuadro, de elsa bornemann, una especie de mini enigma con forma de cuento de terror infantil. ese cuadro, en esa casa, que cobraba vida por la noche y solo uno era capaz de verlo, aquél atento, aquél que lo observaba día a día, y que veía viñetas donde antes había una superficie inmutable. Una serie de sucesos anticipatorios, gente gritando por las ventanas y un jardinero asesino donde antes había un plácido retrato de casita familiar.

el único cuadro a mi alcance era ese de mi pieza, un picnic sarah kay que yo miraba día a día esperando que aunque sea caiga una manzana del árbol, o ver las hormigas robarse la comida como en los dibujitos, y nada. crecí con esa inquietud de las imágenes teniendo que moverse para decirme algo, hasta que realmente ví. ví que la imagen que dice es la que encierra ese secreto que me mueve a mi a verla moverse, la que al contemplarla día a día me ofrece una imagen diferente, o la que me hace observar lo de cada día con ojos diferentes, la que puede trasladarse por fuera para relatarme acá lo que no veía, la que transformó esos miedos sublimes de no ver en el placer de ver todo todos los días y encontrarlo diferente.


4 comentarios:

Mr. P dijo...

mi primer cuadro fue la primera vez que asomé la cabeza al mundo.

David Nahon dijo...

es muy simpatico como cuando las cosas no se mueven debe moverse uno para que algo suceda. es una magnifica explicacion de porque me vine a vivir a bs as, por ej.

búlgaro dijo...

Todo lo que encierra secreto despierta pasiones, por eso este blog me gusta supongo..

Complicidad del Roce dijo...

Será que toda imagen es la pretensión de lo que quisimos ser, y justo al momento de asirlo, lo convertimos en un plano palpable, convencidos de que así nos acercábamos, cuando en verdad éramos nosotros los que nos volvíamos invisibles...






(Desde entonces comenzamos a nombrarnos en tercera persona)