22 diciembre 2007

llanto

empecé a leer historia del llanto.
el protagonista, un escuchador incorregible, una de esas esponjas de palabras vivientes, está siempre a punto de reventar. parece calmarse, por primera vez, de chico, zambulléndose en la pileta horas y horas, hasta que la piel le tira, se le desarma, se le transparenta, pierde firmeza y se arruga, como si ese peso del silencio subacuático le costara los dedos, los marchitara, como una
autocondena, una marca del silencio casi culposo por cortarse voluntariamente del mundo de los parlantes, una forma de utilizar el cuerpo como marca de desastres personales, de desobedecer a cierto mandato divino – él debe escuchar – poner el cuerpo antes que sus propias palabras.
enseguida recuerdo a rimini, en "el pasado". en sus momentos masturbatorios crónicos, él se habla a sí mismo, en ese gesto repetido de la mano, en esa furia que le hace sangrar, en ese vaciarse que quizás le deja el pene como los dedos del nene del llanto, arrugado y marchito, una falsa autosatisfacción – o es real acá? – que le ensordece el mundo y le abre el propio, otro mapa de marcas, otro sufrimiento a propósito, culposo y lleno de llanto, lleno de silencios – o de palabras tragadas, engullidas, no dichas; porque mejor, el silencio puede ser porque no hay nada para decir, pero aquí es callar todo lo que se debe decir- silencios de mierda entonces, no de paz sino de murmullos internos, silencios de que no hay palabras fuera de la boca, todas duermen agarradas a los dientes, esperando para saltar, haciendo cosquillas que al final encuentran salida en la mano muda, en la del nene y en la de rimini.
cuánto podemos decir sobre el vacío, que quizás es "lo que no llena" y no "lo que no hay", es la brecha que nos separa del resto pero nos aproxima a nosotros como último y primer recurso, en la soledad de cada cuerpo que se entiende a la perfección, que sabe cuando le duele pero lo soporta, porque el cuerpo es nuestro y sabemos muy bien como lastimarlo y como vencernos, para tratar de decir.
nuestro cuerpo es nuestro primer campo de batalla.
ahora se trata de ampliarlo.
hablando.

7 comentarios:

Mr. P dijo...

.











hay que hacer la guerra en la cama y llorar.

Anónimo dijo...

esos dos libros la verdad que no leí ni sé qué son
pero parece denso todo

leíste la edad de la razón, de sartre?

algunas cosas que describis de esos libros me hicieron acordar, capaz el tono.

Olivia dijo...

ella es como una amiga mía

Anónimo dijo...

no entendí tu comentario
logueada me decís que me comentás sin loguearte
(?)

Anónimo dijo...

el tiempo ( quita ) penas
y el vieno ( nos ) trae una copla
abrazo fuerte
felicidad en los corazones
rub.

Anónimo dijo...

quiero ser ese dedo

Anónimo dijo...

yo era así


(feux)