23 septiembre 2010

federico


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Subito dopo la guerra ciascuno di noi vedeva il mondo con gli occhi di un bambino. Tutto era così nuovo, così avventuroso (...) Dove ti voltavi, trovavi qualcosa da raccontare. Non c’era bisogno di inventare niente (...) Il cronista più opaco rischiava di diventare un poeta con una materia simile tra le mani. Se uno torna dalla luna, fosse pure un cretino, qualcosa racconta, no? A un certo punto, come tutte le cose, anche il dopoguerra è finito (...) I motivi per i quali il cinema italiano ha perso parte del suo slancio sono tanti, ma quello determinante mi sembra proprio questo: non ha più potuto essere lo specchio di una realtà eccezionale. Di fronte a questa realtà appiattita, normalizzata, bisogna essere poeti. Bisogna inventare qualcosa e aver qualcosa da dire. Il documento non basta più (La dolce vita di Federico Fellini 1960 : 308).



(Rápidamente, después de la guerra, cada uno de nosotros veía el mundo con los ojos de un niño. Todo era tan nuevo, tan atrevido (...) donde mirases, encontrabas algo para contar. No había necesidad de inventarse nada (…) hasta el cronista mas opaco se arriesgaba a convertirse en poeta con un material del estilo entre sus manos. Si uno vuelve de la luna, hasta siendo un idiota, algo tiene para contar, no? En un determinado momento, como todas las cosas, también la posguerra termino. (…) los motivos por los cuales el cine italiano perdió parte de su impulso son tantos, pero el determinante me parece justo este: no pudo mas ser espejo de una realidad excepcional. De frente a esta realidad chata, normalizada, es necesario ser poetas. Es necesario inventar algo y tener algo para decir. El documento ya no alcanza. (la dolce vita de federico fellini – 1960, p.308)



la mayoría de las veces resulta aburrido y redundante hablar de películas
más si uno está a punto de verlas.
el cine como espacio físico nos involucra por entero, nos contiene entre paredes butacas y una pantalla, solos enfrentándonos a una historia que se empieza a desovillar. cómo permitirnos entrar en lo que cada uno debe sentir al observar?
vamos a intentar una introducción no a un film, sino a una sensación.
federico encierra en si mismo tópicos que han hecho del cine (con mayúsculas) su cine.
no hay redundancias extremas cuando lo que se pinceló durante años fue una marca de estilo, una garantía de situaciones típicas – quizás típicas miradas con lupa, haciéndolas atípicas – como cuando olvidamos una situación cotidiana y al revivirla nos resulta a la vez familiar y extraña.
mientras de niñas queríamos ser princesas, de adolescentes quisimos ser anita ekberg sumergida en la Fontana. quisimos ser grandes para poder luego entender que él estaba poniendo en juego dos monumentos, desacralizándolos. diciéndonos que cualquier historia, a partir de ser contada, maravilla. la esencia misma del cine.
federico porta en su apellido un adjetivo: fellinesco
pocos directores han logrado eso con su obra. reconocemos situaciones fellinescas en diferentes épocas y lugares.
mi generación no fue contemporánea de la obra de Fellini, pero la familiaridad con lo fellinesco permite ese acercamiento indistinto a lo tragicómico, a las muecas cotidianas, a la magia de los recuerdos y los sueños, a las mil vidas en una vida, que tienen como denominador común ganas de vida y de excesos inofensivos, excesos familiares que portamos en nuestros genes traídos por nuestros padres y abuelos, alter egos nuestros allá como Marcello en las películas de Federico.
“amarcord" quiere decir "io mi ricordo" (yo me acuerdo) en dialecto romagnolo.
a la par de lo fellinesco se impone el concepto del alter ego, de la proyección ideal de uno mismo.
Federico me enseñó que ese alter ego es nuestra italianidad.


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1 comentario:

liyo dijo...

buena cabecera, fondo, y cuadrados negros tiene el blog este, ahora. saludos.