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Observar una fotografía implica suspenderse en el tiempo, literalmente. La vista focalizada borronea los entornos de lo que no se encuentra dentro de la imagen, y la mente se permite un viaje temporal. Si observamos meticulosamente, con todos el cuerpo, la experiencia fotográfica nos intoxica. Como un elixir, como un brebaje mágico a la manera de Sueño de una noche de verano, alguien esparce una pócima sobre nuestros ojos y nos enamoramos de lo primero que vemos, de esa imagen, nos enamoramos perdidamente y para siempre por unos segundos.
5 comentarios:
si. pero tambien estamos contaminados de nuestra propia experiencia estetica. distinto es lo que nos pasa con fotografias menos preciosistas como esta no? las de una boda, por ej. una entrega de anillos, el beso de los novios.
creo que viene por ahi
(esta fotografia es hermosisima, lastima que sea b/n!!!)
Hola.
hola, siempre te encuentro :)
un abrazo embajadora d posmópolis!
se suspende en el tiempo y en ese viaje al tiempo la memoria puede extenerse en tantas formas.
mirá el mantel de hule, la licuadora, la balanza, esos azulejos y el gran ventanal!!! qué hermosa cocina! muy parecida a la de la casa de mi abuela.
El valor de la imagen, el valor del recuerdo. Gracias
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